INICIO                 Noticias locales                
   

CON PRECAUCIÓN
 

Todo se desvirtuó

 

rednayarit.com
Tepic, Nayarit.
26 de enero de 2012.

Todavía hasta antes de los años 90’s del siglo pasado, si un grupo de soldados o de la policía federal pretendía hacer una revisión a un tren, ya fuera de carga o pasaje, presentaban un oficio para avalar dicha revisión. Sin embargo, después de dicha fecha, comenzaron a subirse a los trenes sin ninguna autorización. El conductor del tren afectado por estas revisiones ilícitas se lo comunicaba al despachador de trenes por medio telegráfico, radio o telefónicamente, a lo que el despachador en turno contestaba que para que no se metiera en broncas en caso de que encontraran “algo” no se lo atribuyeran, así que mejor dejarlos pasar y que hicieran lo que quisieran a bordo de los trenes.

Alrededor de los años 80’s llega el tren de pasajeros número 4 rumbo sur con servicio de primera y segunda clase, a la ciudad de Culiacán, Sinaloa. El Conductor del tren se encuentra en la oficina telegráfica recibiendo órdenes e instrucciones para el manejo de su tren, cuando de pronto un miembro de su tripulación llega y le informa que unos supuestos policías federales andan revisando maletas y golpeando pasajeros. El Conductor sube al tren y comprueba que efectivamente gente uniformada anda haciendo revisiones a equipajes y pasajeros; lo que más le llama la atención es ver a una mujer güera que le dice a un uniformado que le “partiera su madre” a un pobre hombre de aspecto indígena. Momento, les dice el conductor del tren, qué andan haciendo y qué los autoriza para hacerlo. La güera le dice que no se meta, a lo que el conductor le enfatiza que él es el conductor del tren y que todo el pasaje está bajo su cargo, que por favor le presente el oficio que autoriza la revisión que están llevando a cabo, a lo que la mujer y otro de los uniformados, mostrando sus armas y placas, le dicen al conductor que esas son sus autorizaciones. Correcto, dice el conductor del tren.

El Conductor del tren va a la oficina telegráfica y le dice al Jefe de Estación que llame a la SEDENA, porque gente armada estaba a bordo del tren. Casi inmediatamente llega un batallón de soldados y rodean el tren; suben algunos soldados al mismo y bajan a los supuestos policías federales y los forman en el andén de la estación. La señora güera se asume como la coordinadora del operativo en cuestión; los soldados los desarman a todos y les piden identificación. De quince personas que eran, únicamente cinco de ellos pudieron acreditar ser policías federales en funciones, los demás eran de los llamados “madrinas”. Por sí o por no, a todos los subieron a un vehículo que traían los soldados y tan, tan. Posteriormente se supo que a la mujer güera la habían hecho procuradora de Justicia o sub, por su destacada labor en la operación “Cóndor” en los años 70’s llevada a cabo en el mismo estado de Sinaloa.

Sin embargo, todo se desvirtuó posteriormente, ya que después llegaban policías federales a la estación de pasajeros en Guadalajara y sin ninguna autorización más que la de ellos mismos revisaban tanto al pasaje como sus maletas, así como los mismos coches; y era tanta su esquizofrenia que hasta a los Agentes de Publicaciones, los que vendían café, refrescos y otras chucherías a bordo de los trenes, les llegaron a perforar sus termos que utilizaban para el café, supuestamente dizque porque podrían traerlos llenos de droga o algo así, igual las almohadas que alquilaban para que el pasaje se recostara durante el viaje.

Y así se siguieron. En estación La Quemada, siguiente después de Magdalena, Jalisco, se implantó primeramente un operativo de la Policía Federal, pero sabe qué ocurrió, porque después fueron soldados los que detenían los trenes para hacer sus “revisiones” sin mostrar oficio ni autorización alguna. Lo mismo en estación Ruiz, Nayarit, en donde subían policías federales y se bajaban en Acaponeta. Algunas veces eran muy prepotentes que, de no ser por la misma tripulación de los trenes, sabe cómo les hubiera ido a los pasajeros que supuestamente resultaban sospechosos a la vista de los policías, principalmente pasajeros de aspecto humilde o indígenas que en vez de maletas traían sus pertenencias en cajas de cartón o arpillas. Curiosamente, a pasajeros que veían bien vestidos pocas veces los molestaban. Aunque eso sí, en la estación La Quemada se dio el caso de que a un pasajero lo cuestionaron los soldados por traer cinto piteado y botas ídem, además de un torzal muy llamativo, supuestamente dizque porque un pobre no podía tener esas pertenencias, según alguien dijo por ahí.

   

Comentarios a mi correo electrónico: